LUCIA HARARI  

Afectivo Estacional.

Por Debbie Reda, en ocasión de la muestra Afectivo Estacional, en Granada Gallery, Junio 2019

Lucía Harari nos acobija en un refugio pictórico. Casi onírico, casi ensueño. Nos
regala un verano en el áspero julio para evitar el trastorno del patrón estacional.
El recinto se convierte en simultaneo, extraño y familiar. Al igual que la poesía, su
pintura intenta crear nuevos mundos o expresar emociones que no entran en la esfera
de lo tangible o lo comprobable.
Según el filósofo contemporáneo Ludwig Wittgenstein, lo que conforma la realidad son
los hechos y no las cosas. Los objetos conforman la substancia del mundo, es decir,
que no pueden existir fuera del hecho. En esa labor de encontrar belleza en la
simpleza, lo místico de la cotidianidad, “La bondad soñolienta que trasudan las
cosas...” en palabras de Oliverio Girondo; las ventanas se abren en el cielo para
contemplarlas de por vida, para que el viento mueva las hojas en la escena hogareña
de “reposar” en el living.
Se baja la persiana. Un aliento sepulcral del silencio se diluye en la tarde.
Es ya de noche, pero la calidez del día se hace eterna, la brisa y la luz, permanecen.
Lucia Harari presenta sus nuevas pinturas, con ese dejo inconcluso de cierta
sensibilidad retiniana, con el toque propio del simbolismo que intenta interrelacionar
el mundo espiritual y el sensible. Te invita a su calor y abrazarte con su paleta
templada, donde los ocres, los amarillos y los verdes, son embajadores.
“Evadirse y hacer un mundo”, “descansar la cabeza”, como diría el propio Temperley.
El 26 de junio de 1987 es el día en el que el poeta argentino Hector Viel Temperley
dejó este mundo, el terrenal. Muchas de las obras hacen referencia a sus poesías, en
el titulo o en el tema.
Hicimos del invierno una idea de verano, una siesta al caer la noche. No es
precisamente esta muestra un homenaje, pero pudimos hacer que todo coincida.

Nada Sucede.

Por Karina Acosta, en ocasión de la muestra Monoambiente, en Nora Fisch Presenta, Octubre 2018


En un intercambio de audio por WhatsApp, medio indiscutido como fuente transmisora de pensamientos, documentos, imágenes, penas y alegrías me llega una síntesis sobre su obra. A mi pregunta: ¿por qué pintas estos objetos, estos espacios? Ella responde: “lo tenemos naturalizado pero no como parte del paisaje, sino como que el ojo naturalmente no los ve, los ausenta, porque no entran en los parámetros de lo bello. Objetos, ambientes que vienen de recuerdos de una casa ideal”.
En el capítulo “Para una autopsia de la vida cotidiana” J.G. Ballard dice: “¿Qué significan estos objetos reunidos ahí? ¿Para que sirven? (...) Si alguien se mudase a una casa que no ha sido debidamente aseada, encontraría estos mismos elementos ajenos y extraños: un lápiz, una hebilla, una copia de poemas, y comenzaría ensamblarlos en algún orden, construyendo una hipótesis sobre la vida de la persona que vivía antes en esa casa.” (1)
Monoambiente reconstruye a través de una serie de imágenes pictóricas una escenografía cotidiana, en donde la ausencia y la presencia son las actrices principales de un relato donde pareciera que nada sucede o acontece. Esta obra no crea la realidad, sino que se construye a partir de la observación de las cosas, de los espacios, como si se pasase de un tema a otro una y otra vez.
¿Qué puede tener de bello un ventilador? Está ahí delante de nosotros, flotando y silente pero al mismo tiempo representa y significa algo familiar y ordinario. Personalmente siempre me he detenido en dos momentos en donde los objetos o también llamados bienes pasan a tener un protagonismo único: la ruptura amorosa y la muerte. ¿Quién no ha tenido que vaciar una casa? ¿Quién no ha discutido por una cafetera? Quizás es el único momento donde recuperan una importancia vital.
En Monoambiente parece que nada sucede ; pues a “desconfiar de las imágenes” (2) ya que Lucia nos invita a poner foco, a corrernos por un instante de un estado de anestesia general que a veces nos sumerge la vida cotidiana.

(1) Texto extraído del capítulo “Para una autopsia de la vida cotidiana” del libro “Para una autopsia de la vida
cotidiana, conversaciones” de J.G. Ballard. Editorial Caja Negra (2013).
(2) Título del Libro “Desconfiar de las imágenes” de Harun Farocki. Editorial Caja Negra (2013).

 

Convocados por la magia del arte. 

Por María Carolina Baulo, extracto de la nota en Revista Ñ, Clarín, 17/08/2016

Por definición, el chamán es un personaje mediador, un ser capaz de intervenir la realidad para modificarla o crear la sensación de que ha sido alterada. En parte, está relacionado con el plano mágico y las creencias asumidas en el imaginario social. Esto hace que se pierda toda lógica racional a la hora de abordar el tema: los chamanes son individuos únicos, creadores de universos paralelos que transmiten sus dones y saberes a un entorno que los valora y los legitima dándoles entidad dentro de una determinada cultura. Algo similar sucede con el rol del artista, que está inserto en un contexto social en el que muchas veces ocupa un rol destacado y respetado y otras veces incomprendido, pero ciertamente no pasa desapercibido. (...)Tomo un caso particular donde la imagen es sometida a efectos climáticos como sucede con la obra de Lucía Harari, quien expone un álbum familiar a las inclemencias de la naturaleza para que lo intervengan dejando sus huellas en las fotos.

Artistas chamanes para seguir con atención.

Por Daniel gigena, extracto de la nota en La Nación, 18/08/2016

¿Por qué chamanes, que alude a la magia, a lo irracional, a la mediación entre los asuntos terrenales y los divinos, e incluso al exorcismo? "Porque creo que finalmente lo único permanente, lo que queda en la historia son las huellas a través del arte en todas sus expresiones", dice el artista curador.

Cinco artistas para seguir con atención

Se destacan algunos casos de artistas que, con inspiración chamánica y dominio técnico, exploran algunas tensiones entre materia y espíritu. 

Lucía Harari trabaja con una serie de imágenes de diapositivas de los años setenta deterioradas por el paso del tiempo, proceso que ella ya había indagado en sus pinturas y retratos. Una vez ampliadas, escaneadas e impresas por Harari, las imágenes adquirieron un tinte espectral que, pese a eso, todavía deja entrever siluetas masculinas, algunas mate en mano; fragmentos de un parque, árboles. Se construye así un relato protagonizado por el tiempo y el cambio que los medios técnicos imponen a la mirada.

El abismo te mira a ti. Las imágenes evanescente de Lucia Harari.

Por Santiago Rial Ungaro, extracto de la nota en Suplemento No, Pagina/12, 10/03/2016

(…)  Pero si estos dibujos y pinturas de seres anónimos a punto de desvanecerse dan sensación de vacío o incompletitud, lo curioso es cómo estas imágenes mínimas, casi transparentes, logran tanta resonancia emocional: por su fragilidad y su carácter aparentemente casual, parecen recuerdos a punto de desaparecer. El poder de los dibujos de sus dípticos, trípticos y polípticos está en su trazo, potenciado por el espacio poco convencional que eligió para exhibirlas. 

 

No te enamores solo de las curvas.

Por Carolina Rodríguez Escobar, extracto del texto de la muestra No te enamores solo de las curvas, Panal 361 

Buenos Aires, diciembre 2015

¿Cómo capturar el sonido de una fotografía o el olor de un video? ¿Es posible escuchar con los ojos, y ver con el tacto? ¿Está el sonido inevitablemente asociado al movimiento y el silencio a lo inerte, si en realidad todo se encuentra en un constante devenir? Nos resulta interesante, traspasar los límites de lo visual y pensar que es posible la sinestesia en estas obras, y precisamente a partir de pensarlas en un estado de fricción constante se generan estas preguntas. No es en vano que la obra 4 ́33 ́ ́ de John Cage, compuesta en 1952, haya revolucionado el concepto de lo que es música, invitando a los asistentes a un concierto a escuchar una composición silenciosa, en tres partes.

Asi mismo, No te enamores solo de las curvas invita a una observación detenida y una aproximación intuitiva; el mundo de las formas llama a la percepción, y aquello que es casi imperceptible o invisible activa la sensación.

En este juego de tensiones antagónicas, de percepciones y de sensaciones nos damos cuenta, que la claridad sólo existe en función de la sombra, el ruido en función del silencio, como la vida función de la muerte (Tanatos). En No como Súperman de Lucia Harari, la ensoñación y los recuerdos aparecen como la luz en función de la oscuridad de la psiquis. En el video los entrevistados relatan y luego dibujan los recuerdos de su ensoñación; los dibujos pertenecen a la percepción del Yo desdoblado, pero, al éste no ser real, acuden a la descripción de la sensación de volar. No tenés piso bajo los pies, la pintura de Harari evoca la liviandad de los cuerpos y por ende, su fragilidad; esto funciona en oposición a la pesadéz de los entrevistados que fingen volar en el video. La fuerza gravitacional, en este caso, no los deja elevar; es una lucha inconsciente por la búsqueda del equilibrio, que logra hacerse consciente en los actos de ensoñación.

Más allá, la actividad creativa es una especie de ensoñación y en muchos casos encuentra su resolución en los sueños y en las fantasías dirigidas a una meta o asociadas a situaciones que responden a simbologías y analogías. La creatividad conlleva un desdoblamiento consciente o inconsciente, en búsqueda del equilibrio.

El dibujo detrás de la imagen.

Por Gabriel Martín Rodríguez, extracto del texto de la muestra, Universidad Nac.Gral. Sarmiento

Buenos Aires, julio 2016

Cuatro artistas reúnen sus trabajos en esta exposición. Detrás de estos dibujos subyacen ciertas ideas generadoras, no evidentes, pero que pulsan y viven a través de las líneas y de la composición.

Las imágenes resultantes surgen de la interacción entre idea y proceso de construcción, las que son muy diversas, a pesar de que se trata de la misma disciplina.

Lucia Harari también plantea una imagen que presenta la superposición de personajes en distintos planos, pero aquí adquiere ribetes líricos, logrados con suma maestría gracias al recurso de la transparencia en diferentes capas superpuestas. El soporte empieza a ser figura y a cobrar protagonismo.

Las figuras apenas son percibidas. No dejan de andar, de caminar hacia su destino.

Podemos leer estos personajes como si fueran fantasmas del recuerdo que se interceptan y se traspasan.

Por Juan Jose Burzi

Buenos Aires, febrero 2016

En ocasión de la muestra Caminar es no caerse

Espacio Cultural OEI (Organización de Estados Iberoamericanos)

ECO (Tríptico): Los personajes (que los hay mayores y niños, pero por algún motivo sobresalen los niños) de Lucía Harari están de espaldas, caminando, alejándose, yendo a algún lugar. ¿Hacia dónde van? parece ser la pregunta.

Hay algunas particularidades en este tríptico: la más notable a primera vista, quizá, es que las figuras humanas se superponen, se translucen, no sabemos si estamos ante personas o lo que fueron personas: fantasmas. No sabemos si esas figuras se están diluyendo, están desapareciendo… de lo que estamos seguro es que no es casual que todas las figuras no tengan rostro, se alejen, vayan hacia un punto indefinido… y también parezcan diluirse.

Algo similar sucede con CRAYONES SOBRE TELA, obra donde los niños vuelven a aparecer. Pero… son “los niños” o “EL” niño? Otra vez pareciera haber siluetas de jóvenes o adultos en la tela, pero la certeza de que se trata de una misma persona excede lo que el ojo ve. Diferentes posiciones, diferentes edades quizá. O quizá sea simplemente lo que Lucía Harari nos muestra: tres siluetas diferentes, diferentes personas.

Están en la niebla? Otra vez la dualidad: pueden estar en la niebla, en el humo, en el aliento del pasado, en una nube, ingresando al olvido o a ese destino común que tenemos como seres vivos: la muerte. Lo que sí es seguro que los rostros de los personajes que pueblan los trabajos de Harari no se muestran y en ese no mostrarse, en ese desvanecerse parece estar jugándose el sentido de la obra.

DÍPTICO 3, TRÍPTICO 1, se mueven por terrenos similares: personas de espaldas, dirigiéndose a algún punto hacia adelante, corriendo algunas (en DÍPTICO 3)

La sensación que transmiten estas obras está entre el desasosiego y la esperanza, paradójicamente. Desasosiego porque provoca una inquietud de espíritu contemplar las siluetas de espaldas alejarse, desvanecerse en algunos casos, con-fundirse unas a otras. Está el impulso de tomar a una de ellas del hombro y darlas vuelta, verle los ojos, ver si es alguien conocido… y Esperanza porque salvo excepciones, ninguna de las siluetas se aleja con tristeza. Al contrario, parecen ir a jugar los niños, caminar en calma otros, abrazados fraternalmente, otro llevando un niño en los brazos…

Hablamos del sentido de la obra pero no aludimos a cuál es ese sentido: Quizá sea el transitar, ser caminante y camino a la vez, estar y desaparecer. Que es, ni más ni menos, lo que sucede a nuestro alrededor (cuando no a nosotros mismos) todos los días.

 

 

 

El titulo es quiero ser poeta japonés de conjuros para decir frases cortas.

“los poetas no terminan los poemas, los abandonan” (Mallarmé)

Por Felicitas Novillo

Buenos Aires, 2011

sobre la serie Conjuros

 

Hojas limpias

Otoño en el piso

Son las ideas escritas

que pienso ahora.

Y la delicadeza

de hacer todo al mismo tiempo.

 

Lo volátil

de encontrar la tierra

en imágenes mentales

de revista.

Un león comiendo a otro

o así mismo

podría ser de juguete.

 

La pestaña

en una película

Y las serpientes

que encuentro y busco.

Son equilibrio

entre fe y ejecución.

Son recordatorios

de lo que nunca olvido.

 

Tantas palabras

¿caben en un bolsillo?

Una lista heroica

¿puede terminar?

 

Superposición.

Por Juan Manuel Waimberg

Buenos Aires, 2010

sobre la serie Cartas de Amor

para Vice Mag

 

Si una chica envía carta de amor a un gato o a un cartel seguramente la insulten o le contesten chirlo.
Las chicas bonitas no envían, solo reciben cartas de amor.
Pero cuando se da la situación inédita que las chicas bonitas envían sus cartas quizás merecen que las miremos dos veces.
Las cartas y las chicas bonitas son cuestiones que se nos escapan y difícilmente llegue un papel en carta si no un email que debas imprimir, por lo tanto imprimilo pero es mucho tener una carta y mirarla directo a los ojos.
Seguir por favor las instrucciones:

Abrir el sobre. Cerrar los ojos. Pensar en un desnudo femenino. Palpar la carta. Leerla de corrido sin pensar en su contenido más allá de la primera impresión de la lectura misma o de sus imágenes. Organizar esas imágenes en tu mente y darle la forma que vos quieras y perderlas en el archivo de todas las cartas e imágenes bonitas que conviven con nosotros.
Cuando las imágenes bonitas mas obvias se esfumen o cuando la pintura volatilice, solo recordar estas cartas y hacer de ellas lo que uno desea. Total las imágenes de las chicas bonitas como las de la infancia no son fáciles de olvidar y tampoco es fácil obtener un si, es mucho mas fácil observar y dejarse llevar por lo que podría ser la imagen de lo que no es.
Dar una oportunidad a las cartas de amor es como esa chica bonita e inteligente que creemos que no existe. Pero existe. Solo abrir el sobre. Es una invitación a conocer algo conocido de antes. Las cartas sucedieron, solo que olvidamos su origen y la belleza de ellas si es que tuvimos la suerte de recibir alguna o imaginar que la recibíamos.
Las cartas de amor son un lujo que no esta acorde a la belleza y al amor de lo que nos llega por correo. Son un error.
El error esta ahí. Abusar de ellas.

 

Un fin de semana a caballito.

Por Paula Brecciaroli

Buenos Aires, 2010 

En ocasión de la muestra Palitos de la Selva

Espacio Cabina

 

Sobornada por la ansiedad, entró en la penumbra.

Tanteando descubrió el calor de un cuerpo. Una respiración calmada la incentivó a tocarlo sin miedo. El cuerpo siguió inmóvil. Quiso acariciar el pelaje extenso.

Bajo y subió en longitudes inciertas. Sin buscar más rumbo que el contacto de su mano inquieta con ese cuerpo. La respiración y el tacto se aceleraban solos. Se sentía confundida. Dejó que su cuerpo fuera posándose lentamente sobre la voluminosa masa oscura.

La mano se abría suavemente, dirigida por capricho al encuentro de un miembro tosco y rígido. Lo apretó con fuerza y el cuerpo se agitó. Dejó que se amoldaran hasta penetrar en la humedad creciente. Un charco de placer se expandía. Se restregaban chapoteando entre líquidos humeantes.

El último espasmo de placer quedó ahogado por los relinchos.

 

 

 

 

 

 

 

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